Un Mundial con doble premio para Jorge Martín | Motociclismo | Deportes

Jorge Martín se sintió frustrado y dolido cuando hace poco más de un año Ducati promocionó a otro piloto para acompañar a Pecco Bagnaia en el equipo oficial. El asiento estaba reservado para él hasta que la irrupción de Enea Bastianini, con cuatro victorias la pasada temporada, sembró dudas entre las altas esferas del fabricante de Bolonia que marca el paso en MotoGP. Finalmente, el italiano fue elegido por delante del español, que transformó el mazazo anímico en un reto para hacer historia en la competición. Su objetivo, desde entonces, ha sido ganar el título con la moto privada del Pramac este 2023.

“Es la única motivación que tengo con lo que me dan”, aseguró en una entrevista con EL PAÍS poco después de conocer la decisión. Un año después, el piloto madrileño de 25 años está cumpliendo al pie de la letra con su guión. Este sábado volvió a recortarle puntos al vigente campeón y líder del certamen con una segunda posición en la carrera al sprint, ganada por Álex Márquez. Martín, tras una caída en su último intento de vuelta rápida en Sepang, partirá segundo este domingo (08:00h, DAZN) por detrás de Bagnaia, a quien tiene a 11 puntos al frente de la clasificación. En el GP de Malasia, ambos disputan la primera de las tres finales restantes por el título en otros tantos fines de semana consecutivos.

Desde Valentino Rossi con Honda en 2001, ningún satélite ha ganado el campeonato, un hecho que jamás se ha dado desde el cambio de los 500cc al actual formato de MotoGP. “Si no quisiera el campeonato no estaría aquí, y si no lo pienso yo, tampoco lo va a pensar nadie más”, argumentaba Martín. El excelente certamen que se está marcando el español ha vuelto a abrirle las puertas del equipo oficial. Los responsables de la marca de Borgo Panigale, según ha podido recabar este periódico, estarían valorando degradar a Bastianini, negado este curso por culpa de varias lesiones y una evidente falta de ritmo comparado con los pesos pesados de la marca. El riminés, precisamente, firmó su mejor sábado del año con una tercera posición en parrilla y aguantando cuarto en carrera por detrás de Bagnaia. A pesar de esta reacción, de ganar el título, Martín obligaría a la fábrica a ascenderle para poder seguir presumiendo del número uno mundial.

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La actual lucha entre Bagnaia y Martín por la preeminencia en MotoGP ha descolocado a varias figuras históricas del paddock. “Me resulta extraño complicarle la vida así a tu campeón. Ducati, sus responsables de carreras, se han equivocado con la manera de tratar a sus pilotos”, opina Casey Stoner, leyenda del certamen y en 2007 primer campeón con la Desmosedici. Normalmente, las marcas siguen una política muy clara al respecto. La fábrica debe ganar, ya que los principales patrocinadores y su reputación provienen de los resultados del equipo oficial. También porque el mayor número de recursos se invierten en él, una inyección económica difícil de justificar si otra escuadra con menor poder adquisitivo te adelanta por la derecha sin más.

A pesar de ello, bajo el reinado de Gigi Dall’Igna, máximo responsable deportivo de Ducati Corse, la política del grupo ha sido dar total libertad competitiva a sus ocho pilotos en pista. “Es cierto que solo uno va vestido de rojo, pero llevan la misma moto”, decía hace unos días Claudio Domenicali, CEO de la firma boloñesa. “¡Que gane el mejor!”, apostillaba el dirigente en La Gazzetta dello Sport al ser preguntado por la lucha entre Bagnaia y Martín. De puertas adentro, hay quienes dudan de la idoneidad de la batalla sin cuartel promovida por la misma fábrica. En público, sin embargo, Ducati defiende su gestión. “Puede parecer extraño, pero gracias a esta política hemos podido hacer crecer a pilotos que del Pramac han saltado al equipo oficial. Petrucci, Miller, Bagnaia… el año pasado estuvimos a punto de subir a Jorge, pero las victorias de Bastianini nos hicieron cambiar de idea”, explica Paolo Ciabbatti, director deportivo del grupo, a este periódico.

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Albert Valera, agente de Martín, asegura que todavía no ha habido conversaciones con la cúpula de Ducati sobre un hipotético ascenso de su representado. Tanto él como el piloto dejan la pelota en el tejado de Borgo Panigale. “Mi objetivo es llegar a vestir de rojo, y por qué no adelantarlo. Eso depende de ellos, de si actúan y quieren hacerlo”, recuerda el madrileño. “Creo que es el objetivo que tenemos todos los pilotos, y mis resultados merecen ese asiento”, añade sobre la posibilidad de recalar ya en 2024 en la moto oficial. Aunque sea miembro de un conjunto privado, su contrato le vincula directamente con la fábrica. Los colores del Pramac son, prácticamente, un disfraz. Gino Borsoi, director deportivo del satélite, reconoce que todo puede pasar. “Hay posibilidades, pero ningún comentario por parte de Ducati. Por ahora entiendo que Jorge se quedará aquí, pero este paddock es una caja de sorpresas”, dice a EL PAÍS.

En MotoGP, al fin y al cabo, las apariencias importan. Y mucho. El sueño de todo piloto es vestirse con el mono de una fábrica oficial, como siempre ha reconocido el propio Martín. En ello va gran parte del estatus, pero también las mejores condiciones económicas, los mejores recursos técnicos y, habitualmente, la preferencia cuando se toman decisiones deportivas a favor del piloto que ejerce como referencia de la marca en cuestión. El piloto madrileño intuye que, si gana el Mundial, el premio será doble para él. En juego están un título para la historia y la moto más codiciada de toda la parrilla.

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