Los bombardeos de Ankara y Damasco provocan decenas de muertos y miles de desplazados en el norte de Siria | Internacional

La precaria situación humanitaria en varias zonas del norte de Siria se ha agravado considerablemente en la última semana debido a las campañas de bombardeos de Turquía contra las zonas del noreste bajo control de las milicias kurdas aliadas de Estados Unidos y del Gobierno de Damasco contra la provincia de Idlib, en manos de grupos rebeldes islamistas. Estas acciones militares se iniciaron en ambos casos como respuesta a sendos ataques terroristas ―en Ankara y en Homs―, pero se están cebando con la población, entre la que han provocado decenas de muertos y decenas de miles de desplazados, y en las infraestructuras civiles.

Tras el atentado contra el Ministerio de Interior en Ankara del pasado 1 de octubre, en el que resultaron heridos dos policías y murieron los dos atacantes (que previamente habían asesinado a un civil para robarle el coche), las Fuerzas Armadas de Turquía iniciaron una intensa campaña de bombardeos en el norte de Irak contra las bases del grupo armado kurdo PKK, que se había responsabilizado del ataque. Pero, tres días después, el Ejército turco cambió su objetivo hacia las zonas del norte de Siria controladas por las milicias kurdas YPG, que mantienen estrechos vínculos con el PKK. “A partir de ahora, todas las infraestructuras, superestructuras e instalaciones energéticas del PKK y las YPG, especialmente en Irak y Siria, son objetivos legítimos de nuestras fuerzas de seguridad, Fuerzas Armadas y unidades de inteligencia”, anunció la semana pasada el ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, hasta el pasado junio jefe de los servicios secretos del país.

Un portavoz del Ministerio de Defensa de Turquía dijo este jueves que, “durante la última semana, 252 terroristas han sido neutralizados” en el norte de Siria y de Irak. Las milicias kurdas han desmentido estas cifras, y aparte de un número no especificado de integrantes muertos, afirman que Turquía ha matado al menos a “11 civiles”. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), independiente de ambos bandos, ha computado 45 muertos por los bombardeos turcos, media docena de ellos civiles y el resto miembros de las milicias o de las fuerzas de seguridad kurdas.

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El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que esta misma semana cargó contra el bombardeo de la infraestructura civil y los hospitales de Gaza por parte de Israel, ha repetido en varias ocasiones que las Fuerzas Armadas turcas no atacan a civiles en la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, el OSDH ha denunciado que los recientes bombardeos turcos han destruido varias plantas eléctricas, instalaciones petrolíferas, edificios de uso civil y viviendas, lo que considera “un crimen de guerra”.

Esta nueva ofensiva turca también ha amenazado con provocar un encontronazo con Estados Unidos ―ambos países poseen los dos ejércitos más numerosos de la OTAN―, al haber derribado las fuerzas estadounidenses un dron turco que participaba en los bombardeos después de que se acercase a 500 metros del lugar donde estaban estacionadas. Dirigentes de ambos gobiernos han logrado rebajar la tensión tras el incidente, pero Erdogan ha renovado sus críticas a Washington por “entrenar a terroristas” y ha prometido no olvidar el suceso: “No hay duda de que este incidente ha quedado grabado en la memoria de nuestra nación, y desde luego se tomarán las acciones necesarias cuando llegue el momento”.

Bombardeos en Idlib

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La reciente ofensiva del régimen de Damasco contra la provincia rebelde de Idlib se desató tras semanas de tensión en la línea del frente ―congelado en virtud de los acuerdos alcanzados por Turquía, valedor de los rebeldes, y Rusia e Irán, principales sostenes del régimen― y de un brutal ataque con drones contra una ceremonia de graduación militar en Homs (zona bajo control de Damasco). En el ataque, que aún no se ha atribuido ningún grupo, murieron al menos 129 personas, un tercio de ellos civiles, y más de un centenar de heridos permanecen ingresados.

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El Gobierno sirio prometió castigar el ataque “con todas sus fuerzas” e inició una intensa campaña de bombardeos aéreos y de artillería contra Idlib y partes de la provincia de Alepo aún bajo control rebelde. Según las autoridades locales, cerca de medio centenar de civiles han muerto y cerca de 300 han resultado heridos como resultado de los bombardeos, que además han provocado 79.000 desplazados, en una zona en la que habitan más de tres millones de personas, muchas de ellas huidas de otras partes de Siria durante la guerra civil que asola el país desde hace más de una década.

“Los esfuerzos por prestar ayuda se ven obstaculizados por las hostilidades en curso”, señala en un comunicado la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF), que trabaja en la zona. Según MSF, al menos tres hospitales han sido alcanzados por las bombas y otros 19 centros han dejado de prestar servicios no esenciales para dedicarse “exclusivamente a la atención de urgencia, lo que dificulta aún más el acceso a la atención sanitaria”.

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