La llegada de migrantes a Europa exacerba las tensiones entre Alemania e Italia | Internacional

Después del tenso pulso que mantuvieron Roma y París a finales del año pasado por el desembarco del Ocean Viking con más de 200 personas rescatadas a bordo, ha estallado un nuevo conflicto a cuenta de la política migratoria europea. Esta vez el antagonista del Gobierno de la ultraderechista Giorgia Meloni es el Ejecutivo del socialdemócrata Olaf Scholz en Berlín. Alemania ha decidido suspender “hasta nuevo aviso” la acogida voluntaria de solicitantes de asilo procedentes de Italia mientras acusa a Roma de incumplir el convenio de Dublín, la normativa europea que regula el derecho de asilo, que estipula que el país de entrada es el que debe hacerse cargo del examen y la acogida de los refugiados.

La decisión de Berlín, confirmada oficialmente el miércoles, no ha cogido por sorpresa a Meloni, que ya había avisado a sus socios europeos de que sus sistemas de acogida no podían hacerse cargo de más solicitantes de asilo. “Hace tiempo que dijimos que ya no podíamos acoger automáticamente este tipo de devoluciones si la UE no nos ayudaba a defender nuestras fronteras exteriores. Nuestros centros de acogida están llenos”, explicó la jefa del Gobierno italiano tras conocer la decisión alemana. La líder ultraderechista agregó que su prioridad es “detener las llegadas a Italia”. Los roces entre Roma y Berlín se añaden a los que ya tuvo el Gobierno de Meloni con Francia por la gestión de los flujos migratorios.

La nueva crisis se produce en un momento en el que Bruselas trata de impulsar el cierre del pacto migratorio con los Veintisiete (a falta de un capítulo dedicado a gestión de crisis). La UE también busca soluciones para contener los flujos de llegadas a través de acuerdos como el firmado con Túnez —un pacto muy controvertido que ofrece asistencia financiera a cambio de que el país magrebí gestione los flujos de llegadas, firmado pese a las críticas a las vulneraciones de los derechos humanos de ese Estado— y que no ha cuajado.

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La oposición italiana ha cargado contra el Gobierno por la escasa eficiencia de su política migratoria. “Las políticas migratorias de este Gobierno son un fracaso, y es un fracaso certificado también porque ahora nos dan la espalda Francia y Alemania; estamos aislados”, ha protestado el líder del Movimiento 5 Estrellas, Giuseppe Conte.

Los medios italianos interpretan la decisión de Berlín como un enfrentamiento político entre el Gobierno alemán, dirigido por una coalición de centroizquierda, y el italiano, guiado por la ultraderecha. Aunque en el pasado, con otros gobiernos, la gestión de la inmigración también ha generado tensiones entre Italia y Alemania.

El bloqueo alemán a la llegada de migrantes procedentes de Italia se produce en un momento también muy tenso para la coalición de socialdemócratas, verdes y liberales que gobierna en Alemania. Los 16 Estados federados, así como las asociaciones de municipios, llevan meses quejándose amargamente de estar sobrepasados por el número creciente de solicitantes. Aseguran que ya no son capaces de ofrecerles condiciones dignas de alojamiento y que los sistemas sanitario y educativo están también al límite. Exigen más dinero y presionan continuamente a Scholz.

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La negativa de Berlín supone la culminación de varios meses de acusaciones cruzadas. Mientras Alemania afea a Italia que no le esté aceptando prácticamente ningún traslado, Roma acusa a sus socios europeos de dejar en sus manos la gestión tanto de la primera acogida como de la tramitación de las solicitudes de asilo de todos los migrantes que llegan por mar.

La UE sigue sin cerrar el Pacto de Migración y Asilo que se lleva negociando desde 2020. Mientras tanto, Bruselas ha puesto en marcha distintas iniciativas para tratar de crear un modelo de reparto de los migrantes que llegan a sus fronteras. La última fue el Mecanismo de Solidaridad Voluntaria, que firmaron 23 países —entre ellos, Alemania— dispuestos a apoyar a los cinco países mediterráneos más expuestos a la entrada de inmigrantes que entran irregularmente por mar. Aquel acuerdo, celebrado inicialmente como un gran éxito, ha demostrado ser lento y poco efectivo, como demuestran las cifras de las reubicaciones.

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Berlín defiende que está cumpliendo con su responsabilidad humanitaria y recuerda que es el mayor contribuyente de la UE y que se ha comprometido a acoger a un total de 3.500 personas. Hasta ahora, según cifras oficiales, lo ha hecho con más de 1.700, entre ellas más de 1.000 solo de Italia.

“También tenemos una situación muy tensa en Alemania en lo que se refiere a los municipios que se hacen cargo de las llegadas y la atención a los refugiados”, aseguró un portavoz del Ministerio del Interior. El país se encuentra al límite de sus capacidades de acogida. Este año, hasta agosto, se han contabilizado 205.000 peticiones de asilo, un 77% más que en 2022. A eso hay que sumar 1,1 millones de ucranios acogidos tras la invasión. Berlín esperaba que Roma aceptara los traslados de algunos de los miles de migrantes que entraron por Italia y que han acabado solicitando asilo en su territorio.

“Italia y otros países europeos no están aceptando las transferencias bajo el convenio de Dublín actualmente, y llevan un tiempo sin hacerlo”, añadió el portavoz, en un ejemplo poco habitual de acusaciones públicas contra otro Estado miembro. El Gobierno alemán ha querido mostrar con datos el escaso cumplimiento de la normativa por parte de Roma. Berlín ha solicitado en lo que va de año, hasta el cierre de agosto, más de 12.400 traslados a Italia de personas que entraron por primera vez en la Unión a través de las fronteras de este país. La cifra de los que Roma ha aceptado es llamativa: únicamente 10. “Por eso hemos dicho que de momento no vamos a participar en más misiones, no vamos a enviar a más equipos a Italia a hacer entrevistas y preparar la acogida de personas en el marco del mecanismo voluntario de solidaridad”, añade el portavoz.

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Desde Roma, responden con más datos. El Ministerio del Interior italiano ha informado de que, desde octubre del año pasado, Alemania solo ha aceptado a 1.042 solicitantes de asilo de los 3.500 que se había comprometido a trasladar desde Italia. Por su parte, en todo 2021 Italia solo aceptó de vuelta a 1.462 migrantes —de un total de 19.936 solicitudes— que habían entrado en la Unión Europea a través de sus fronteras y luego se habían trasladado a otros países.

El Ministerio de Interior italiano ha denunciado “la extraordinaria afluencia que debe afrontar desde hace meses”. Y ha explicado que Roma pretende impulsar el plan Mattei, un proyecto que está preparando de cooperación energética con África y al mismo tiempo reclama avances “en el marco europeo”. “El interés de Italia es que el nuevo pacto migratorio de la UE se apruebe lo antes posible”, han señalado fuentes del ministerio al diario La Repubblica.

El pacto migratorio europeo se reactivó en junio, tras años congelado, con la firma de dos nuevos capítulos que, entre otras cosas, establecen una cuota de solicitantes de asilo a repartir entre los Estados miembros o el pago a las arcas comunes de 20.000 euros por cada refugiado rechazado. Esa regulación, que está pendiente del fleco final, establece también los tiempos en los que los Estados deben hacerse cargo de los solicitantes de asilo que reciben, un punto pensado para “países de segunda llegada”, como Alemania.

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