La agonía de los españoles atrapados en Gaza: “Llaman a personas de casi todas las nacionalidades menos a nosotros” | Internacional

“Hola, Salah, ¿alguna novedad?” “Nada”. Hace días que la pregunta siempre es la misma y la respuesta también. Cada mañana, los españoles atrapados en Gaza aguardan ansiosos que se publiquen los nombres de las personas que podrán salir de la Franja en dirección a Egipto durante la jornada, pero su decepción y su angustia van en aumento porque hasta ahora los ciudadanos de España no han sido incluidos en estos listados.

“Están llamando a personas de casi todas las nacionalidades y a nosotros no. Seguimos esperando en medio de la agonía nuestro turno para salir. Se nos está acabando la comida y la situación empeora cada día”, explica a este diario por teléfono Salah Awad El Sousi, de 73 años, que ejerce como representante de facto de la comunidad española en Gaza.

Él y su familia llevan más de tres semanas en el sur de la Franja, cuando se desplazaron, como otros centenares de miles de gazatíes, siguiendo las instrucciones del ejército israelí. Confiaban en que estarían más seguros y en que la evacuación de ciudadanos con pasaportes extranjeros comenzaría pronto, pero se equivocaron. En total, unos 140 palestinos con nacionalidad española han manifestado su deseo de ser evacuados, aunque la cifra podría ascender a unos 190, incluyendo a sus familiares directos. Entre ellos hay 80 menores de edad, como Zeyna, que apenas ha cumplido tres meses, y personas mayores enfermas, como Nahla, una señora de 75 años con diabetes y grandes problemas de movilidad.

Para todos ellos el tiempo apremia porque la muerte acecha día y noche. Los palestinos muertos bajo las bombas israelíes superan ya los 11.000, según los servicios sanitarios palestinos. Entre ellos hay 4.000 menores de edad. La inmensa mayoría de los ciudadanos españoles de Gaza y sus familias están en la parte central o sur de la Franja, pero todavía quedan algunos en el norte. Prácticamente, todos se conocen e intentan mandarse diariamente mensajes telefónicos con las últimas noticias. La pregunta que se repite en estas conversaciones es “¿por qué nosotros no?”. “Estamos en contacto diario con el Consulado de España en Jerusalén, nos dicen que están haciendo todo lo que está en sus manos y nos piden paciencia. Pero parece ser que España es poco influyente y los israelíes y egipcios nos están ninguneando”, suspira El Sousi.

Decenas de extranjeros y palestinos con pasaportes extranjeros, como por ejemplo estadounidenses, canadienses, alemanes, franceses, daneses, indios, polacos, brasileños y otros, han podido abandonar Gaza desde el 1 de noviembre por el sur, en dirección a El Cairo. Las personas cuyos nombres están en estas listas, aprobadas por Israel y Egipto, son alertados por los servicios consulares de sus países unas 12 horas antes de su salida.

Nos dicen que están haciendo todo lo que está en sus manos y nos piden paciencia. Pero parece ser que España es poco influyente y los israelíes y egipcios nos están ninguneando

Salah Awad El Sousi, palestino-español en Gaza

Pero en este momento, el Gobierno no puede decir cuándo serán evacuados los palestinos con nacionalidad española. La ministra de Defensa, Margarita Robles, expresó esta semana su “enorme preocupación” por las condiciones “muy difíciles” que están atravesando y reconoció que otros países sí han conseguido sacar ya a sus nacionales, informa Miguel González. Fuentes diplomáticas resaltan que para ello, además del acuerdo de Israel y Egipto, hace falta también el visto bueno del movimiento islamista Hamás, que controla Gaza.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ha preparado un equipo de acogida en la Embajada española en El Cairo y el Ejército del Aire tiene previsto enviar un Airbus 330 a recogerlos después de que crucen el paso de Rafah, entre Gaza y Egipto. Al Sousi conoce al dedillo todos estos preparativos y requisitos. Este catedrático de Farmacia jubilado, que ya fue evacuado de Gaza por España durante la ofensiva israelí de 2014, es un hombre optimista, pero en los últimos días, en sus mensajes se respira urgencia y miedo. Los bombardeos no dan tregua ni en el norte ni en el sur de la Franja. Los alimentos y el agua escasean, las conexiones telefónicas son muy precarias y la Franja lleva semanas sin electricidad.

“Esto es demasiado”, repite. “Comemos harina mezclada con agua, hecha a la plancha sobre fuego de leña porque no tenemos gas. Le ponemos las verduras que encontramos: tomates, pepinos, cebollas o coliflor y agregamos arroz, lentejas o judías blancas. Bebemos agua hervida y enfriada. Una vez a la semana intentamos comer pollo o carne roja, pero son difíciles de encontrar. No sentimos ni hambre con tanto terror, tanta sangre y tantas lágrimas. Es una situación que jamás pensamos vivir”, describe Al Sousi, que espera viajar a España, donde vivió 25 años, con otras nueve personas de su familia.

Ni agua ni gas

“No hay gas para cocinar, ni agua para el baño, ni para lavar. Los hombres salen de casa cada día con la misión de buscar agua”, corrobora Kholoud Elbatsh, que confía en viajar a España con su marido y sus tres hijos. “Los chicos están físicamente bien, pero psicológicamente cansados y nerviosos. Tienen miedo todo el tiempo, no duermen…”, describe, impotente, esta profesora universitaria, que comparte la misma habitación con otras 16 personas en la localidad de Deir el Balah, en el centro de Gaza, donde se refugió hace tres semanas.

Estamos hablando de la vida de más de 150 personas, de un país que no está pudiendo salvar a sus ciudadanos

Ahmed Hamdan, palestino-español

Fuera de la Franja, los familiares de estos españoles también se han organizado para comunicarse con responsables consulares, redactar comunicados de protesta y presionar a las autoridades. “Lo que nos da miedo es que en ningún momento hemos tenido la confirmación de que nuestras familias van a salir. Tememos que nunca aparezcan en la lista. Estamos hablando de la vida de más de 150 personas, de un país que no está pudiendo salvar a sus ciudadanos”, dice Ahmed Hamdan, que tiene a más de 10 familiares esperando a ser evacuados, entre ellos sus padres y hermanos.

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Este ingeniero de 25 años que vive en Valencia está especialmente alterado. En la lista de países que pudieron evacuar a ciudadanos el día 10 de noviembre figuraba Rusia. “¡Rusos! Pese a las malas relaciones con Estados Unidos y con Israel. ¡Han salido antes que nuestras familias! No sabemos qué está pasando, pero alguien no está haciendo bien su trabajo en España”, insiste.

En un principio, los españoles atrapados en Gaza y sus familias en España pensaron que están “pagando” por las declaraciones de algunos miembros del Gobierno de Pedro Sánchez, muy críticas con Israel. Pero ciudadanos de otros países que han pedido claramente un alto el fuego en Gaza y han mostrado sus reservas ante la ofensiva israelí sí han podido evacuar a sus ciudadanos, como Noruega o Bélgica, citan. También contemplan la posibilidad de que el hecho de que en España haya en este momento un gobierno en funciones no les ayude.

“Es muy doloroso hablar con nuestras familias. Yo confieso que les miento y les digo que todo avanza, que van a salir, que seguro van después en la lista… Pero estamos perdiendo todas las esperanzas”, afirma Hamdan.

Nasrín Krayem Domínguez dice con voz temblorosa que sus hermanos en Gaza han esquivado la muerte en varias ocasiones en las últimas semanas. Esta mujer de 47 años, hija de una española y un gazatí, tiene a toda su familia paterna en la Franja. En total, saldrían a España 10 personas, entre ellas su padre, de 74 años. “No van a aguantar mucho más. Las autoridades consulares me han dicho que están haciendo todo lo que pueden, pero yo creo que esto ya no depende del Consulado, tiene que moverse más arriba: ministro, presidente… porque la situación es muy crítica”, insiste.

El Ministerio de Asuntos Exteriores mantiene un absoluto mutismo sobre esta evacuación, apelando a razones de seguridad, mientras que su titular, José Manuel Albares, se ha limitado a señalar que se trata de una negociación “muy compleja” y que está en contacto con sus homólogos de Israel y Egipto para que se pueda ejecutar lo antes posible.

“¿Razones de seguridad? Justamente por eso deberían sacarlos cuanto antes porque no hay sitio más inseguro que el lugar en el que están. Y las condiciones de seguridad de la evacuación son las mismas para España que para otros países que sí están poniendo a salvo a sus ciudadanos”, responde Krayem.

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Perderlo todo

Solo dos ciudadanos españoles, Raúl Incertis, de Médicos Sin Fronteras (MSF), y Jesús Sánchez, trabajador de una agencia de la ONU, han conseguido salir de Gaza desde el 7 de octubre. Desde ese día, Israel responde a una inesperada y cruenta incursión de milicianos de Hamás en su territorio, que dejó un saldo de 1.200 muertos y unos 200 rehenes en manos del grupo islamista, que gobierna de facto en Gaza desde 2007.

Los padres de Motaz Ahel Hejazi, de 42 años, 23 de ellos viviendo en España, también están esperando ser evacuados. Su familia ha perdido en un mes la vida que habían tardado décadas en construir al norte de Gaza: un negocio de cerámica que comenzaron en Arabia Saudí y que hace 30 años, con la esperanza que se respiraba con los Acuerdos de paz de Oslo, decidieron trasladar a la Franja, donde se instaló toda la familia.

José Manuel Albares se ha limitado a señalar que se trata de una negociación “muy compleja” y que está en contacto con sus homólogos de Israel y Egipto para que se pueda ejecutar lo antes posible.

Todo fue bombardeado y la familia huyó hacia el sur, pero Nahla, la madre, que tiene 75 años y es diabética, sufrió un infarto hace cuatro días, cuando el edificio en el que se refugiaban fue alcanzado por un mortero. “No había cómo encontrar un médico, vino un amigo enfermero y le puso suero y oxígeno. Está sola con mi hermana, que la cuida, y ha recuperado un poco la consciencia. Pero está muy mal y no sé cómo ayudarla”, explica por teléfono desde Castellón su hijo, sin poder esconder su emoción.

“Mi padre no ha salido de su casa nunca. Ni siquiera en precedentes ofensivas israelíes. Ahora, aunque la guerra termine mañana, ¿adónde volverá? No tiene nada: ni casa, ni negocio… A veces pienso que quienes más sufren en Gaza son los que quedarán vivos después de esto”, opina Ahel Hejazi.

Estas familias palestinas son conscientes de que, pese a que su evacuación se retrasa, sus allegados forman parte de un grupo de afortunados en Gaza. “Estoy luchando para que mi padre y mis hermanos salgan, pero tengo el corazón destrozado. Pienso en los demás, que no tienen cómo salir ni protegerse: en mis tías, en mi prima con cáncer que se quedó en el norte de la Franja, y en tantos otros”, se despide Krayem.

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