El precio del petróleo vuelve a los niveles anteriores a la guerra en Oriente Próximo | Economía

La refinería de Ruwais, en Abu Dabi, en una imagen de archivo.Christophe Viseux (Bloomberg)

Un mes y una cruenta guerra después, las aguas vuelven a su cauce en el mercado petrolero. El precio del crudo ha caído este martes por debajo de los niveles inmediatamente anteriores al ataque de Hamás sobre Israel —y a la posterior respuesta del Estado hebreo—: los menos de 83 dólares que ha llegado a tocar el barril de brent a mediodía están, incluso, por debajo de los 84 a los que cotizaba justo antes del conflicto. Y, por supuesto, de los casi 93 a los que cerró el 19 de octubre, cuando la regionalización del conflicto que implicase a una potencia petrolera como Irán ganaba enteros. Hoy, ese escenario, el más peliagudo, parece sustancialmente más lejano.

“El riesgo de una disrupción inmediata en la oferta de Oriente Próximo han aflojado en tanto que las operaciones militares israelíes se están viendo contenidas a la franja de Gaza”, escriben Raad Alkadiri, Henning Gloystein y Gregory Brew, de la consultora de riesgos Eurasia, en un análisis para clientes. “Sin embargo, cualquier futura escalada —real o retórica— seguirá golpeando a los mercados y aumentando la volatilidad”. Entretanto, el abaratamiento del petróleo es una buena noticia en la batalla antiinflacionaria que Occidente libra desde hace meses.

Como casi siempre en economía, no hay una única razón para esta desescalada en el precio del crudo hasta mínimos desde agosto. La proyección de menor producción de carburantes —y, por tanto, de menor consumo de crudo— en las refinerías chinas emerge como la última explicación de la caída: en octubre, sus exportaciones de gasóleo y de gasolina cayeron a su punto más bajo en cuatro meses. Pero hay más: tanto el consumo de diésel como el de nafta, los combustibles cuyo comportamiento mejor define el crecimiento de la economía mundial, han arrojado en las últimas jornadas datos de consumo relativamente más bajos de lo previsto, en gran medida por el débil consumo europeo.

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“El débil crecimiento de la economía europea ha golpeado duramente al sector manufacturero”, apuntala Alan Gelder, vicepresidente de la consultora energética y de materias primas Wood Mackenzie, en declaraciones a Bloomberg. “Eso ha reducido tanto la nafta para uso en la industria petroquímica como el gasóleo para el transporte de mercancías”. Las expectativas actuales pasan por que el consumo de ambos hidrocarburos este año sea medio millón de barriles diarios inferior al de 2019, justo antes de la pandemia. Parte de esa caída responde a una simple sustitución por otros carburantes, como la gasolina, en el transporte; otra fracción no menor, sin embargo, tiene que ver con una pura destrucción de demanda asociada a la atonía económica.

En sentido contrario rema la confirmación, hace 48 horas, de que tanto Arabia Saudí como Rusia —el primer y el segundo máximos exportadores de crudo, respectivamente— mantendrán sin cambios sus recortes coordinados en la oferta de crudo. Un tijeretazo que busca, ante todo, que sus precios de venta se mantengan altos y que impide pensar en caídas de precio mucho mayores a corto plazo.

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